Mochileando por Suiza 2017; Golden Pass, Montreux, Berna, Lucerna y Zurich




Una de las teorías de por qué Suiza es una nación tan pituca argumenta que es porque siempre se ha mantenido al margen de conflictos bélicos, políticos, deportivos, religiosos e incluso líos de faldas. Con todo esto usted podría pensar que se trata de un país más amarillo que Simpson con hepatitis, y pensar en eso no estaría tan errado, pero la verdad es que haberse agarrado tan fuerte al modelo capitalista y haberse mantenido hermético por tantos años ha tenido consecuencias, ¿positivas o negativas? Bueno, al suizo promedio se le ve bien alimentado, habla mínimo tres idiomas, tiene casa en las montañas, viaja por el mundo, cruza la calle cuando ve a un negro y es más desabrido que chupar un clavo. Los servicios y el comercio dentro del país parecen funcionar como reloj nacional (suizo), tanto así que pareciera que la realidad que se vive en esa tierra pertenece a un universo paralelo en que no existe el hambre, la pobreza ni la miseria. En otras palabras, Suiza es un país alejado de este mundo... del tercer mundo.

Tren Golden Pass

Ya les contaba de los trenes panorámicos, el Golden Pass es otro de ellos, y su gracia es que recorre rutas rurales entre los Alpes, pasando entre pueblos, caseríos y rebaños de ovejas. El panorama pintaba un poco más austero que el Glaciar Express, pero como teníamos pase "liberado" nos subimos cara de palo. El tren está bien y es pirulo, pero si no se paga reserva te tiran al vagón del perraje, en donde toca sentarse sobre un cajón de tomates con un clavo que te pincha el culo... broma, uno se tiene que ir menos pituco, pero pituco al fin y al cabo.

¿Vale la pena? Pucha, ya que teníamos el pase de más que vale la pena, pero si les toca pagar los 100 euros que cuesta el trayecto de 4 horas, ni cagando vale la pena. Y aquí voy a detenerme un rato para decirles que no estoy del todo seguro respecto a que si vale o no la pena esta ruta del viaje centrada en recorrer en tren. Uno de los objetivos de escribir este blog es contarles la firme sobre los lugares, sin temor a confesar cuando un destino no nos gusta o cuando derechamente nos pegamos un cagaso dentro de la ruta. No estoy diciendo que andar en tren sea un despilfarro, pero para un primer viaje por Europa en modo low cost haber elegido Suiza y haber comprado un pase de tren de 200 euros, puede que sea chutearla un poco lejos. Se los confieso sólo para que la verdad se anteponga. Superado todo lo anterior les diré que andar en tren en Suiza es la zorra!

Montreux, Suiza

Uno está en la punta del cerro y se cacha a lo lejos el lago Leman y las ciudades que están en su costa. Si me engrupo un poco, les cuento que se ve Ginebra e incluso la costa francesa. Estábamos realmente en la punta del cerro.

Nos bajamos en Montreux y por 9 euros pagamos un casillero para dejar las mochilas. Paseamos por la costa y comimos mandarinas, porque esto de andar en un país prohibitivamente caro ayuda a que uno coma menos y de paso ahorre. De más que me hubiese sampado una hamburguesa a todo ritmo, pero acuérdense que en Suiza cuestan 13 euros :(

En la orilla del lago hay una estatua de Freddy Mercury. Yo como soy super ignorante, no tenía idea qué significaba ese monumento. Resulta que los muchachones de Queen armaron un estudio de grabación en Montreux e incluso se dice que la ciudad fue el segundo hogar de Freddy antes de morir. No engancho con eso último, porque estuve en el pueblito de Ronda en España, que se supone era el segundo hogar de Orson Welles, pero investigando me entero que el ciudadano Kane con cuea fue un par de oportunidades. No me la hacen dos veces.

Berna, Suiza

Berna es la capita de facto de Suiza. ¿Qué significa eso? Que las autoridades suizas están en esta ciudad, pero como los papi chulos bling bling son Ginebra y Zurich, como que le restan importancia a Berna. Como dicen los sabios más sabios; la plata manda.

El escudo de la ciudad tiene un oso y a lo largo del casco histórico hay montones de estatuas de osos vestidos para la guerra. También hay una estatua de un tipo comiendo guaguas y afuera de la catedral hay otra de una mujer gritando con  desesperación, como diciendo "CTM que es caro Suiza!". Adivinen cual fue mi estatua favorita... la de los ositos.

Llegamos al alojamiento dos horas antes, pero como el reloj suizo no se atrasa ni se adelanta, nos tocó esperar, y ahí fue donde ocurrió uno de los hechos más lamentables de este viaje; compré la hamburguesa de 13 euros. Lo hice en un Mc Donalds en donde teníai que meter el número de la boleta para poder usar el baño. Volaita.

El centro histórico está impresionantemente conservado, tanto sus edificios como piletas y calles adoquinadas por donde transitan los tranvías. Todo el mundo se mueve en bicicleta y no tienen ningún temor en dejarlas en la calle sin ninguna cadena, tanto en el día como en la noche. Esa si que es volaita.

Hay un reloj astrológico cósmico interestelar, que cuando da la hora es todo un show que deleita a los transeuntes y turistas. Además hay varias iglesias góticas de interés y una zona del río que está bastante buena. El río se llama Aar, atraviesa la ciudad y lleva agua cristalina. Esa si que es super volaita.

Nos dijimos; " ya basta de ratonear, a pegarse un platache". Como estábamos en Suiza fuimos por fondue a un restorán marcado como "económico" por tripavisor. Pucha cabros, que les puedo decir, la anduve puro cagando y terminamos pagando 70 euros por un fondue que estaba incomible y que consistia en queso con pan duro y cuatro papas. En la noche estuve enfermo de la guata, pa más recacha. Esa fue una hiper mega volaita... no hay caso.

Con o sin fondue, Berna es una ciudad preciosa con una estupenda muestra de arquitectura medieval y estilo hiper refinado suizo. Un best seller.

Lucerna, Suiza

¡Carnaval! Llegamos en tren a Lucerna pasado el medio día y la cosa estaba en llamas. Todo el pueblo estaba en las calles luciendo estupendos disfraces, bailando y bebiendo como condenados. Por todos lados habían comparsas hiper producidas, tocando música y marchando por todo el casco histórico. Era un desenfreno que no pensé ver en Suiza. Nos aperamos con unas chelas y nos unimos a la buena onda. Ya medios guascas nos vamos al tuto, luego de tanta buena onda. Corte a tuto.

Al otro día nos levantamos todos prendidos, para ir a seguir celebrando con nuestros amiguis suizos pachangueros, pero.... todo estaba entero de apagado, como si no hubiese pasado nada! La gente volvió a ser fome, volvieron a dejar de mirarse, se sacaron los disfrades y se pusieon desabridos. Fue como con ese compañero apagado y medio fomeque de la universidad, que un día en un carrete se cura y se pone sociable y uno descubre que en verdad es un gallo terrible de alegre y buena onda, pero al otro día se le pasa la curaera y vuelve a ser el mismo hueón fome que ni te saluda cuando te ve en el pasillo. Así defino el carnaval de Lucerna.

Lucerna es una ciudad  con los Alpes de fondo, cuyo gran atractivo está en su río y los hermosos puentes de madera que lo atraviesan. Además es una de las ciudades más turísticas de Suiza y tiene el carnaval más animado del país, al menos mientras dura el festejo.

Nos quedamos dos noches y observamos el fenómeno carnavalero con mucho interés. Con todo  fue una buena experiencia, igual que cuando el amigo piola se cura y se pone jocoso.

Zurich, Suiza

El último día en Suiza, y no es que estuviésemos vueltos locos, pero aún teníamos el pase de Eurail, así que no nos íbamos a ir sin ir a Zurich.

Es la ciudad más poblada del país y junto con Ginebra la más adinerada. Está a las orillas del lago Zurichsee. La ciudad permite una visita rápita y buena onda que no te matará en el intento.

Estuvimos dos horas, paseamos por la rivera y comimos castañas, es todo lo que puedo decir al respecto.

 Conclusiones

Si se tienen los medios, lo cual ya es harto, Suiza es un país sumamente cómodo para ser recorrido. Si no se tienen los medios, la cosa se pone dura. Nosotros no los teníamos del todo, entoces el camino se nos puso cuesta arriba. Pero hay que ser justos y decir que los pueblos, unidos por hermosas rutas ferroviarias con los Alpes de fondo, configuran una experiencia que difícilmente se olvida. Además si se usa el ingenio se podrá sobrellevar el recorrido, y eso también es una experiencia que no se olvida.

Comentarios

Entradas populares