Mochileando por Italia 2017: Milán y Venecia
Nos guste o no la pasta, Italia resuena en nuestras mentes de la mano de múltiples espacios comunes, alimentados por la literatura, el cine y las cadenas de comida rápida que se pelean por quien tiene la pizza más italiana. Por mi parte, les adelanto que mucho de este imaginario que tenía sobre el bellepaise se ha confirmado, pese a que aún nadie haya puesto una cabeza de caballo entre mis sábanas. Sea por la comida, por la cosa nostra, por Mario Bros o, pa que no digan que me preocupo de puras banalidades, por la cultura Romana, Italia es un país que vale la pena visitar y que alimenta nuestros sueños viajeros.
Ruta Zurich, Suiza - Milán, Italia
Estrujamos hasta más no poder nuestro pase Eurail, entonces viajamos desde Zurich hasta Chur mediante el tren Suizo. Desde ahí aplicamos Flixbus, que es esa empresa de buses low cost de la que les hablé hace un tiempo, que se ha transformado en nuestro transporte recurrente, y no precisamente por su calidad. Aplicamos el dichoso bus y luego de un viaje de tres horas ya estábamos en el país de Rafaella Carrá. Y como para hacer bien el amor hay que venir al sur, fue que nuestra ruta consistiría en recorrer la bota desde arriba hacia abajo.
Milán, Italia
Llegamos a la estación de buses de Milán, desde donde se toma un metro y se llega a donde uno quiera, bueno, no es pa tanto, porque el metro no es tan grande. Nos alojamos más o menos en la periferia, de puro pollos que somos, y nos tocó movernos en metro para todos lados.
Si uno viene de Suiza el cambio de país se nota de golpe. Si bien Milán no presenta el caos que vimos más adelante en otras ciudades italianas (Nápoles, te hablo a ti), el tono relajado y algo desordenado de Italia se nota. La verdad es que comparado con Suiza hasta un tubo de papas Pringles está desordenado.
Obvio que lo primero, incluso antes de llegar al alojamiento, fue samparnos sus buenas pastas. Debo decirles que no hubo decepción alguna, mamma mia! De entrada les voy a contar que en Italia se acostumbra pagar "cubiertos", que es algo así como una cuota por uso de la mesa, que no es lo mismo que la propina.
Milán es una ciudad famosa por ser el epicentro de la moda, razón de sobra para que yo, un fan de Dolce & Gabbana, decida visitar sus ostentosas tiendas de ropa. Obvio que es mentira, tanto así que mientras recorría la ciudad tenía miedo de que algún policía de la moda me deportase, por mi look de mochilero incípido y gordo parrillero. Pero además de eso, Milán es una enorme ciudad industrial y comercial, cuna de personajes tan representativos de la idiosincrasia local como, por ejemplo, Silvio Berlusconi. Pero además cuenta con algunos lugares de interés cultural y de interés para hacerse selfies.
Duomo de Milán: 400 años se demoraron en construir esta catedral que se remonta al siglo XII y que es un tremendo ejemplo de arquitectura gótica y neogótica. Se puede entrar y subir al techo o a las torres, no sé, pero la cosa es que desde abajo se veían a unos cristianos paseando por los tejados. Las selfies se toman desde la plaza del Duomo y hay que tener cuidado con balancear los blancos, porque la catedral llega a brillar de lo restaurada que está.
Galería Víctor Manuel II: tiene 130 años de historia. Se trata de una galería comercial símbolo del pituquerío del siglo XIX, y por qué no decirlo, del pituquerío actual. Está lleno de restoranes y tiendas de alta costura y cosas finas. Si a alguien le gusta la moda, va a ser un regocijo pasear por este centro comercial. Si no les gusta la moda, les cuento que también es un destino selfie, así que no se pierde el viaje, además está al lado del Duomo.
¿Es Milán realmente la capital de la moda? No tengo la mínima idea, en serio. Pero si caché que los milaneses, especialmente los hombres, son súper peinetas. Insisto en que no tengo idea de moda, pero puedo decirles que, a mi parecer, el milanés pintoso promedio es similar a un hipster promedio. Era un poco extraño ver a personas tan pinteadas recorriendo calles no tan pinteadas, porque si bien Milán es una ciudad grande e importante, mantiene el italian style desordenado. Así las cosas, el milanés peineta se ve como cuando te vistes de ternero (N. Del T: terno o ropa formal) y te toca pararte en la esquina a esperar la micro pa llegar a tiempo al casorio de tu primo.
Monasterio de Santa María de las Gracias: algo que llama la atención sobre las iglesias italianas es que éstas están construidas, en buena parte, con ladrillos a la vista, como si el tercer chanchito hubiese sido el arquitecto. Este monasterio no es la excepción. Pero no es precisamemte por su arquitectura que se ha hecho famoso, sino que es porque alberga al famoso fresco de La Última Cena, de Leonardo Da Vinci. La visita cuesta 12 euros, pero hay que reservar con muuuucha anticipación porque los cupos son limitados. Nosotros no alcanzamos a entrar, así que obligados a hacernos selfies desde afuera. De todos modos no se le pueden sacar fotos a la famosa pintura.
Fiera di Sinigaglia: son bakanes las ferias, eso es un hecho, pese a que uno no compre nada y se dedique a pasear y mirar con la mejor cara de turista. Este mercado se instala todos los sábados siguiendo la rivera del río. Venden de todo, especialmente artículos viejos. Una maravilla.
Milán estuvo mucho mejor de lo que imaginaba, ya que inicialmente era sólo un destino de paso. Se los recomiendo, y si se ponen su mejor pinta mucho mejor.
Venecia, Italia
Tomamos otro Flixbus, obvio, es la forma más barata de viajar, pero debo advertir que los choferes italianos no son precisamente famosos por su buena conducción, especialmente cuando trabajan para empresas low cost. Nos encomendamos al pulento y sobrevivimos.
Milán es una ciudad famosa por ser el epicentro de la moda, razón de sobra para que yo, un fan de Dolce & Gabbana, decida visitar sus ostentosas tiendas de ropa. Obvio que es mentira, tanto así que mientras recorría la ciudad tenía miedo de que algún policía de la moda me deportase, por mi look de mochilero incípido y gordo parrillero. Pero además de eso, Milán es una enorme ciudad industrial y comercial, cuna de personajes tan representativos de la idiosincrasia local como, por ejemplo, Silvio Berlusconi. Pero además cuenta con algunos lugares de interés cultural y de interés para hacerse selfies.
Duomo de Milán: 400 años se demoraron en construir esta catedral que se remonta al siglo XII y que es un tremendo ejemplo de arquitectura gótica y neogótica. Se puede entrar y subir al techo o a las torres, no sé, pero la cosa es que desde abajo se veían a unos cristianos paseando por los tejados. Las selfies se toman desde la plaza del Duomo y hay que tener cuidado con balancear los blancos, porque la catedral llega a brillar de lo restaurada que está.
Galería Víctor Manuel II: tiene 130 años de historia. Se trata de una galería comercial símbolo del pituquerío del siglo XIX, y por qué no decirlo, del pituquerío actual. Está lleno de restoranes y tiendas de alta costura y cosas finas. Si a alguien le gusta la moda, va a ser un regocijo pasear por este centro comercial. Si no les gusta la moda, les cuento que también es un destino selfie, así que no se pierde el viaje, además está al lado del Duomo.
¿Es Milán realmente la capital de la moda? No tengo la mínima idea, en serio. Pero si caché que los milaneses, especialmente los hombres, son súper peinetas. Insisto en que no tengo idea de moda, pero puedo decirles que, a mi parecer, el milanés pintoso promedio es similar a un hipster promedio. Era un poco extraño ver a personas tan pinteadas recorriendo calles no tan pinteadas, porque si bien Milán es una ciudad grande e importante, mantiene el italian style desordenado. Así las cosas, el milanés peineta se ve como cuando te vistes de ternero (N. Del T: terno o ropa formal) y te toca pararte en la esquina a esperar la micro pa llegar a tiempo al casorio de tu primo.
Monasterio de Santa María de las Gracias: algo que llama la atención sobre las iglesias italianas es que éstas están construidas, en buena parte, con ladrillos a la vista, como si el tercer chanchito hubiese sido el arquitecto. Este monasterio no es la excepción. Pero no es precisamemte por su arquitectura que se ha hecho famoso, sino que es porque alberga al famoso fresco de La Última Cena, de Leonardo Da Vinci. La visita cuesta 12 euros, pero hay que reservar con muuuucha anticipación porque los cupos son limitados. Nosotros no alcanzamos a entrar, así que obligados a hacernos selfies desde afuera. De todos modos no se le pueden sacar fotos a la famosa pintura.
Fiera di Sinigaglia: son bakanes las ferias, eso es un hecho, pese a que uno no compre nada y se dedique a pasear y mirar con la mejor cara de turista. Este mercado se instala todos los sábados siguiendo la rivera del río. Venden de todo, especialmente artículos viejos. Una maravilla.
Milán estuvo mucho mejor de lo que imaginaba, ya que inicialmente era sólo un destino de paso. Se los recomiendo, y si se ponen su mejor pinta mucho mejor.
Venecia, Italia
Tomamos otro Flixbus, obvio, es la forma más barata de viajar, pero debo advertir que los choferes italianos no son precisamente famosos por su buena conducción, especialmente cuando trabajan para empresas low cost. Nos encomendamos al pulento y sobrevivimos.
Venecia es un destino ultra famoso y ultra concurrido. Se trata de una ciudad construida sobre cientos de islitas conectadas por cientos de puentes. Toda esta zona está unida con el "continente" por un puente muy largo. Mestre es la zona que queda fuera de las islas, y suele ser al lugar al cual uno llega si es que se viaja en tren o en bus, además los alojamientos baratos están en esta zona. Desde Mestre hacia Venecia hay tren o bus, que sale a 1,2 euros, pero dentro de las islas no hay tren ni buses, ni vías para vehículos (incluso las bicis están prohibidas), en su reemplazo existen los botes taxi y el famoso vaporetto, que es una especie de bus acuático. El taxi es más caro que una hamburguesa suiza y el vaporetto si bien se puede financiar, no vale la pena porque en general todo queda relativamente cerca, además el recorrido no es del todo glamoroso.
Antes de seguir voy a dar recomendaciones que a mi se me ocurren, por lo tanto no las tome como verdad absoluta.
Consejos: Una noche está muy bien, incluso se podría recorrer la ciudad en un sólo día, pero pa qué tan rápido y furioso. Los alojamientos en las islas son caros, pero si buscan con anticipación pueden tener suerte, porque vale completamente la pena. Si les va mal, quedarse en Mestre no es tan terrible, pensando que es fácil ir a los lugares de interés. La comida en restoranes suele ser cara, pero hay muchos locales de pizzas estilo street food. Otra cosa interesante son los cicchettis, que son como las tapas y suelen ser acompañadas por un spritz, que es un trago espumante típico de Venecia y del norte de Italia. Los restoranes son caros, pero hay opciones pagables. A mi me encanta viajar con mochila, tengo hartos argumentos para defenderla por sobre la maleta, pero al fin y al cabo es elección de cada uno, pero sí se debe aceptar que en Venecia es mucho más útil andar con mochila, ya que está lleno de escaleras y puentes, incluso se rumorea que el alcalde quiere prohibir las maletas con ruedas. Si quieren andar en góndola, lo cual en verdad puede ser una muy buena experiencia, tengan en cuenta que es caro, con un precio oficial de 80 euros.
¿Qué ver en Venecia? La ciudad en sí es todo un espectáculo que vale la pena. Primero decirles que es un lugar con muchísimo carácter, no tan sólo por ser una postal para la selfie, si no porque se trata de una ciudad con todas sus letras, en donde la gente lleva su vida normal, pero navegando en lanchas y botes, incluyendo bote recolector de basura y bote ambulancia. Hay sectores, como la Plaza San Marcos o el Canal Grande, en que la prioridad es el turismo, pero si uno camina tres pasos más, se encontrará con la ciudad antigua a la cual la parafernalia turística no le ha hecho ni mella. Hubo algo que me hizo pensar en Valparaíso.
Conclusiones
Se dice que el norte de Italia se diferencia del sur en que el primero es más ordenado y más parecido a los países fronterizos del norte, ahora que me encuentro en la zona de Nápoles puedo dar fé de ello. Como sea, Milán es más que la ciudad de la moda. Yo la recomiendo.
Venecia es una experiencia por sí sola. Es impresionante como una ciudad puede tener tanto carácter y, pese al turismo y la explotación, mantiene espacios de verdadera vida veneciana. Fácilmente se puede transformar en el destino favorito de los viajeros, al menos para nosotros es uno de los top ten.
Antes de seguir voy a dar recomendaciones que a mi se me ocurren, por lo tanto no las tome como verdad absoluta.
Consejos: Una noche está muy bien, incluso se podría recorrer la ciudad en un sólo día, pero pa qué tan rápido y furioso. Los alojamientos en las islas son caros, pero si buscan con anticipación pueden tener suerte, porque vale completamente la pena. Si les va mal, quedarse en Mestre no es tan terrible, pensando que es fácil ir a los lugares de interés. La comida en restoranes suele ser cara, pero hay muchos locales de pizzas estilo street food. Otra cosa interesante son los cicchettis, que son como las tapas y suelen ser acompañadas por un spritz, que es un trago espumante típico de Venecia y del norte de Italia. Los restoranes son caros, pero hay opciones pagables. A mi me encanta viajar con mochila, tengo hartos argumentos para defenderla por sobre la maleta, pero al fin y al cabo es elección de cada uno, pero sí se debe aceptar que en Venecia es mucho más útil andar con mochila, ya que está lleno de escaleras y puentes, incluso se rumorea que el alcalde quiere prohibir las maletas con ruedas. Si quieren andar en góndola, lo cual en verdad puede ser una muy buena experiencia, tengan en cuenta que es caro, con un precio oficial de 80 euros.
¿Qué ver en Venecia? La ciudad en sí es todo un espectáculo que vale la pena. Primero decirles que es un lugar con muchísimo carácter, no tan sólo por ser una postal para la selfie, si no porque se trata de una ciudad con todas sus letras, en donde la gente lleva su vida normal, pero navegando en lanchas y botes, incluyendo bote recolector de basura y bote ambulancia. Hay sectores, como la Plaza San Marcos o el Canal Grande, en que la prioridad es el turismo, pero si uno camina tres pasos más, se encontrará con la ciudad antigua a la cual la parafernalia turística no le ha hecho ni mella. Hubo algo que me hizo pensar en Valparaíso.
Conclusiones
Se dice que el norte de Italia se diferencia del sur en que el primero es más ordenado y más parecido a los países fronterizos del norte, ahora que me encuentro en la zona de Nápoles puedo dar fé de ello. Como sea, Milán es más que la ciudad de la moda. Yo la recomiendo.
Venecia es una experiencia por sí sola. Es impresionante como una ciudad puede tener tanto carácter y, pese al turismo y la explotación, mantiene espacios de verdadera vida veneciana. Fácilmente se puede transformar en el destino favorito de los viajeros, al menos para nosotros es uno de los top ten.
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