Mochileando por Francia 2017. París




Esta es la historia de Remy, un joven nacido en los campos de la Bretaña francesa. Un impulso profundo hizo que se apasionara por la cocina, pese a que su familia,  literalmente, estaba acostumbrada a comer basura. La singular experiencia de un afamado chef lo motivó para irse a perfeccionar en las artes culinarias a la capital francesa; París. La ciudad se presentó como un desafío, pero entre cocineros envidiosos y perversos críticos culinarios, logró sortear sorprender al mundo gastronómico.

Esta historia, llevada a la gran pantalla por Pixar bajo el titulo de Ratatouille, cobró enorme verosimilitud al conocer a los gordos y pintirescos ratones que viven como plaga en la base de la Torre Eiffel y en la rivera del Sena.


París. Francia.

¿Y por qué querría yo matar las pasiones respecto a París? Bueno, es que se trata de la ciudad con mayor afluencia de turismo en el mundo y, a la vez, la segunda ciudad mas adinerada de la unión europea. A esto hay que agregar que en el imaginario de todo viajero vive latente la imagen de la Torre Eiffel como ícono de un viaje cosmopólita. Y así como el Che Copete en Los Años Dorados de la Tía Carlina, les vengo a mear el asado con mi historia llena de ratones y olor a pis.

Tío Mario, ¿ se tomó la pastilla? Si, sobrinos míos, me la tomé con vodka mientras admiraba la catedral de  Nortre Dame, aunque en verdad, recorrer la ribera del Sena admirando históricas construcciones y sintiéndose (en verdad engrupiéndose) como Hemingway o Cortazar, es mucho más estimulante que cualquier bebida energética mezclada con alcohol de baja ley. Entonces, querido y gruñón tío Mario, ¿por qué cagarles la onda a los románticos?  Porque si usted llega pensando en París como el epicentro del romance, en donde le pedirá matrimonio a su pareja bajo luz de la Torres Eiffel, puede que se tope con otra cosa que le rompa su corazoncito plagado de lugares comunes. Porque es una ciudad tan energizante, que un paso mal dado puede terminar en un colapso nervioso-esperitual-esotérico-pedroengel. Y por otro lado, recordarles que se trata de una ciudad absurdamente cara, entonces las rosas, el corcel blanco, la serenata y el espumante caro que tiene pensado para pedir matrimonio, podría dejarlo en la miseria.

Y ahora que maté todo el romanticismo, cuento nuestra experiencia en París.

Lo más probable es que se llegue a París en aeropuerto, específicamente París-Charles de Gaulle. El asunto es que hay infinitas formas de llegar al centro desde el aeropuerto. Pero como postulo al doctorado en ratonería, les cuento que la jugada económica es pescar el bus 350, que por menos de 4 euros los deja en pleno centro (Gare del est). Eramos los únicos turistas, así que fue un viaje autóctono por la fauna más variopinta de la periferia parisina. Recomendado.

¿Y el idioma? En Francia hablan francés, queridísimo sobrino. Pero, pese a que yo sea un tipo de mundo que se desenvuelve en este cotidiano tan globalizado, con cuea hablo un  inglés funcional. Pero los 50 millones de turistas que llegan anualmente a París, obligan a que los servicios estén, al menos, en inglés, ¿Y si usted no habla inglés? Pues se va a la mierda... no, mentira... bueno, medio mentira, medio verdad.

Hay muchos barrios céntricos en que se suelen alojar los turistas. Cabe mencionar que París no es una ciudad para recorrer por copleto caminando, a menos que Forest Gump me esté leyendo, por eso la ubicación de su alojamiento debe estar cerca del metro y de las estaciones de bicicletas Velib (ya les contaré). El alojamiento es un tema, nosotros tuvimos suerte, pero en general es caro y como el culo. Siempre, de aquí a la eternidad (y que el pulento lo guarde para semilla), Airbnb será la mejor opción. Nosotros nos quedamos en uno a toda zorra en el barrio República, que es más residencial que turístico, pero está al lado de lugares importantes como el canal St Martin, en donde la mamá de Amelie le tiró su pescadito al agua :(

Bicicletas Velib: para quedar como campeón ante sus seguidores de redes sociales, y no pasar por amateur arriba de un bus lleno de turistas asiáticos, el viajero wild on usa bicicletas urbanas. ¿qué hueá? Bicicletas que están a libre disposición de los usuarios, previa inscripción y pago de 1,7 euros diarios. La gracia es que se pueden usar desde el momento en que se inscriben en internet. Te subes a una bici y la usas por 30 minutos, luego la dejas en otra estación y tomas una bici nueva, ¿se entiende? Si no, métase a la página de Velib, que por lejos es la mejor forma de recorrer y conocer París, a menos que le guste eso del bus con asiáticos... no soy quien para juzgar.

Metro de París me dió una comisión por mencionarlos en este blog (mentira), así que acá voy. Se rumorea que desde cualquier punto de París a menos de 500 metros siempre habrá una estación de metro, así que flor. El pasaje sale como 1,9 euros, y hay descuento si se compran de a 10. Pero Velib es la papa, así que chauchera con el metro que, por lo demás, está pasao a pichí e incluye chefsitos (lease como ratones).

La comida: es más cara que la mierda, pero los kebab nunca fallan. La otra es comer crepes, pero como ya me conocen, saben que un panqueque con cuea me queda en la muela. Hay una creencia popular de que Francia es el epicentro de la gastronomía mundial, lo cual podría ser cierto, pero el viajero low cost jamás lo sabrá, porque ir a comer a un buen restorán en París implicaría gastarme el presupuesto de una semana (y no quiero dormir en el Sena con los ratones). Pero el tío Mario, que es un Gordus Honoris Causa,  les tiene una papita; Bouillon a Chartier.

Restorán Bouillón Chartier: situado en Montmartre, o sea el epicentro mismísimo del turismo furioso. Se trata de un restorán típico parisino, con 150 años de experiencia. Está a todo ritmo y tiene la tremenda atmósfera. Me sampé unos caracoles (ningún llobri) y su pato confitado (cualquier llobri). 20 euros por cristiano, lo cual sigue siendo caro, pero es barato para París (voy  a llorar). Como sea, se rumorea que es el mejor restorán costo calidad de la ciudad.

Hay muchos lugares para comprar cosas y cocinar en la casa, pero siguen siendo caras, ¿qué le pasa a esta ciudad? Se preguntará usted, pero déjeme decirle que pese a los precios, los ratones y el metro con olor a meao, lo que hay por ver vale la pena completamente.

Qué ver en París

Lo primero. El viajero ansioso querrá hacerlas todas, pero yo creo que es más conveniente su vodka con ritalin y tomarlo con calma. Hay de todo, así que busque prioridades en función del tiempo. Por ejemplo si estará solo un día, ir al Lovre es una pésima idea , porque a lo menos le toma  media jornada. Usted no es un superhéroe y no  es Leonardo Farkas, entonces sea realista. Por otro lado, no es necesario hacer todo, por ejemplo yo no logro entender la necesidad de subir a la Torre Eiffel... pero ya me conocen, soy un cascarrabias de mierda. El tema es que hay que bajar la ansiedad. Les voy a contar lo que su querido tío Mario hizo en el primero de sus cuatro días de visita parisina, solo pa que se hagan una idea.

Primer día: la contienda era desigual, ya que eramos una pareja de inocentres viajeros contra una ciudad de cientos de años de experiencia. Decidimos desayunar en canal St Martin, para luego montar bici e ir a Sagrado Corazón. Voy a contar que esta catedral fue construida al mismo tiempo que la Sagrada Familia de Barcelona, pero créanme que el Sagrado Corazón parece una anécdota al lado de la basílica de Gaudí. Lo que si está bueno es la vista desde la colina. Luego seguir pedaleando, ver el muro de los Te Amo, luego Moulan Rouge, luego seguir pedaleando, luego comer  luego pedalear, luego torre Eiffel, luego río Sena, luego pedalear, luego Catedral de Nortre Dame, QUE ALGUIEN ME DETENGA! La cosa es que nos volvimos crazy e hicimos todo ese recorrido en cleta durante el primer día, a modo de reconocimiento. Una pilsen y al tuto, sobaito.

Voy a detenerme en la torres Eiffel, para decir que tiene un tono imponente y que la iluminación nocturna, por chula que pueda ser, le da su toque de espectáculo. Lo lindo es como se logra ver la torre desde distintos lugares del centro de París.

Otro imperdible es el río Sena, que al ser recorrido por su rivera, se muestra como un lugar increible, más aún al momento de acercarse al museo Luvre, que desde afuera ya es toda una experiencia. Y si le sumamos que a la salida del museo está el Puente de las Artes, tenemos flor de cumbión. Si se sigue la ruta por el Sena  desde Torre Eiffel, se llega a Notre Dame, la cual es otra experiencia increible y gótica. De día es un cuento y de noche otro. La jugada de campeonato es buscar lugares tranquilos, sin turistas  y contemplar la maravilla que es París vista desde el río Sena.

Mi conclusión es que pese a todo lo negativo,  todos los chefsitos y lo matapasiones, se trata de una de las ciudades más impresionantes que he visitado en mi vida. Hay mucho más, ni les hablé de los Jardines de Luxemburno o el Arco del Triunfo, porque cada quien se encariña  con alguna parte de París. Yo al menos me engolosiné con el río Sena y Notre Dame. Si a usted le gustó más la Torre Eiffel, podemos seguir siendo amigos. Si lo que más les gustó fue el café Dos Molinos, donde trabajó Amelie, por favor no me vuelva a dirigir la palabra.

Partí maltratando a París solo para llamar la atención, porque en verdad es difícil tratar mal a una ciudad que, pese a todo, tiene tanto que ofrecer.

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