Mochileando por Bolivia, primera parte




Bolivia es un país que desde siempre me ha gustado mucho, tanto así que hace casi cinco años lo recorrí durante todo un mes. Ahora retorno, en similar viaje mochilero, pero con enormes diferencias. Y no es que sólo sea porque ahora estoy más gordo y más pelado, sino que son tantas las cosas que han cambiado hasta la fecha. Son otros ojos los que contemplan la riqueza de este país que, lamentablemente, ha sido tan menospreciado por sus vecinos capitalistas. Recuerdo mi asombro de hace 5 años, cuando comparaba cada una de las cosas con lo que teníamos en Chile, tal vez con un vacío afán pintoresco, aquella misma intención con la que un alto y nórdico europeo toma una foto de un niño indígena. Ahora tal vez por tener un entendimiento más amplio, o simplemente por sentirme menos afectado por la puna (mal de alturas), es que todo me parece con más sentido.

Santiago/ Chile - Santa Cruz/ Bolivia

Mientras abordaba el avión desde Santiago, pensaba en lo fácil que sería entrar algún arma y hacer un atentado terrorista en el avión... me conformé, finalmente, con lucir mi nueva y shuper loca pañoleta palestina. Sobre el viaje, nada más interesante que decir... ahhh si, dieron la película de Los 3 Chiflados!

Santa Cruz, una de las ciudades más ricas y pobladas de Bolivia, sorprende por dos cosas; el calor al estilo verano playero (pero cruelmente sin playa) y la ostentosidad de su gente y su comercio. Esto último es bien peculiar, ya que es muy sabido que los departamentos bolivianos (regiones) tienen un constante afán por lograr independencia del resto del país, y esto está tremendamente marcado en esta ciudad. Son bolivianos que se sienten más brasileños, o una mezcla que nada tenga que ver con el rostro grueso y oscuro de su indígena presidente. Irónicamente es un departamento que en la historia se ha ido nutriendo por el tráfico de cocaína.

Turísticamente no hicimos mucho, pasear por el centro y tomar un bus a Cochabamba, pero debo aceptar que fue mucho lo que nos perdimos... en fin, el viaje es largo y los destinos son muchos.

Santa Cruz/ Bolivia - Cochabamba/ Bolivia

A  2600 metros sobre el nivel del mar, entramos a esta importante ciudad boliviana. 600.000 habitantes llenan esta ciudad, que a la entrada (de noche) te saluda con un imponente Cristo de la Concordia en lo alto de un cerro. Mucha actividad nocturna, tal vez por ser una importante ciudad universitaria, o porque el clima es propicio para salir a chelar en la noche. Subimos al mentado Cristo de la Concordia, con el look más turístico que pudimos encontrar, tirando fotos como si el mundo no fuese suficiente. Llama la atención que en este atractivo turístico abundan turistas nacionales, que destacan por un claro nivel socio económico medio-alto, cosa que al segundo de entablar conversación se encargan de recordar. El cristo aquel (si, el mismo que murió en la cruz, en esa conocida película de Mel Gibson) mide 34 mt y pesa un Chillón de toneladas (como diría Fry de futurama), es más grande que su primo redentor en Brasil, el cual mide 33 mt en honor a los 33 años que vivió Jesucristo. Los cochabambinos se defienden diciendo que Cristo vivió 33 años y un poquito más... yo no sé, me perdí esa parte de la película.

A la espera del bus nos tomamos varias chelas, ya medio doblados nos fuimos al terminal a tomarnos unos mates y esperar al lujoso bus que nos llevaría a nuestro siguiente destino.

Cochabamba/ Bolivia - Potosí/ Bolivia

Una vez pasé de noche por Potosí, rumbo a la colonial Sucre, y lo único que recuerdo es la voz de una mamita gritando "Potosiiiiiiiiiiiiii".

Un moderno (en serio) terminal nos da la bienvenida, muy contrastante con la triste y trágica historia de una ciudad que desde hace 500 años ha sufrido el saqueo y la tortura por parte de capitalistas europeos, que cegados por el brillo de su plata, no dudaron en someter a campesinos y esclavos, condenándolos a trabajar y morir en sus minas, tanto así que se creó un sistema de "trabajo", en que el impúdico y sucio indígena (carente de alma, además) sólo podía ver la luz cada 3 meses. 

Se trata de la ciudad más alta del mundo, a más de 4.000 mts de altura, con un clima riguroso, tanto así que nunca se sabe si tienes frío, calor o es el viento el que te causa problemas. Nos instalamos en un hostal "OK" (como suelen decir mis queridos turistas europeos), y partí (porque mi socia sucumbió ante el viaje y la altura) a buscar alguna forma de visitar las minas en el Cerro Rico, o cerro Sumaj, para los más entendidos. Me topé con todos los preparativos para el desfile cívico por fiestas patrias, y me di cuenta del fervor que siente la gente por sus tradiciones, desde un apoteósico carnaval de Oruro, hasta un simple desfile de colegiales. Dato adicional, sobre lo mismo, es que desde unos 4 años de edad, en cuanto los pequeños bolivianos tengan suficiente fuerza para cargar una trompeta, se encuentran preparados para acompañar la comparsa religiosa, cívica o pachanguera.

En las calles veo escrito "Vale un Potosí", frase que el mismísimo Quijote dice a su querido Sancho, demostrando lo rica y poderosa que fue esta tierra en algún momento:

"Si yo te hubiera de pagar, Sancho -respondió don Quijote-, conforme lo que merece la grandeza y calidad deste remedio, el tesoro de Venecia, las minas del Potosí fueran poco para pagarte; toma tú el tiento a lo que llevas mío, y pon el precio a cada azote".
Miguel de Cervantes Saavedra,"Don Quijote de la Mancha"


Luego de bajar a las minas, mi triste conclusión fue que los mineros bolivianos parecen no tener pasado ni futuro, solo un presente que según sus costumbres se les muestra un tanto más favorable que antaño. Freddy fue nuestro guía, representante de una larga estirpe de mineros que vivieron y murieron en el Cerro Rico, en busca de mineral de baja o media ley para poder parar la hoya. Como dato, hace 60 años que las minas potosinas funcionan como cooperativas mineras, sin intermediarios externos y menos capitales extranjeros. En esa linea es que Freddy nos contó lo bueno que era ser minero en los tiempos actuales, en donde si querías ganar más, trabajabas más... y de paso vives menos, ya que orgullosamente nuestro guía nos contó que los mineros viven en promedio unos 45 años de edad, murindo TODOS presa de la silicosis, o el alcoholismo (esto no lo dijo, pero me lo imagino).

Un tour extremadamente peligroso, a la bolivian way, en que las reflexiones personales tienes que hacerlas de esa forma, personales. Si me preguntan no les recomiendo el tour, ya que Potosí por si misma brilla y si quieren conocer un poco más a fondo sobre la historia de los mineros de esas tierras, existe la posibilidad de ir al mercado minero, a las faldas del cerro y conversar con alguno de sus magullados protagonistas, y de paso regalarles su preciada coca y alcohol de 96º (lo probé, no es tan malo).

Recomiendo leer el capítulo sobre Potosí del libro Las venas abiertas de Latinoamérica, ayuda bastante a entender el saqueo minero de esas tierras.

Potosí/ Bolivia - Uyuni / Bolivia

Una pintoresca ruta recientemente asfaltada nos conduce hasta Uyuni, un pueblito que bien podría ser el pelo del culo del un mono de no ser por el creciente turismo hacia el ultra famoso salar de Uyuni.

Hordas de turistas europeos, iracundos y exigentes, buscan un pedazo de Europa en tierras bolivianas, que les den las comodidades y servicio premium que en sus tierras abundan. Claro, no me imagino a alguna mamita boliviana comiendo pizza en los europizados restoranes que abundan por la ciudad.  Para cerrar este tema y no sucumbir presa de mi ira, reproduzco una frase de una exigente turista francesa que nos acompañó por el salar: "Yo trabajo en Francia y vengo a viajar por Bolivia, pagué por este tur, y tu (hacia el chofer guía) tienes trabajo gracias a eso".

Creo que sólo existe una palabra que represente al salar y a sus lugares colindantes: SURREALISTA. Es un lugar de no creer. Lo único que puedo decir es que vale completamente la pena acudir a ese lugar. Podría compararlo con la sensación de estar en medio de la inmensidad del Titicaca. Y esto no es de extrañar, ya que al igual que el altiplánico lago, el salar fue antiguamente un mar muerto, en el que hoy se alzan algunas islas, al más puro estilo de Amantaní (Perú).

Uyuni/ Bolivia - La Paz/ Bolivia

Un viaje de MIERDA, atravesando un desierto por un camino de tierra en un bus lleno de polvo, nos llevó a la ciudad de La Paz, capital de gobierno de Bolivia (Sucre es su capital legislativa). 3600 mt de altura, y 1,5 millones de habitantes (menos que Sta Cruz) incluyendo al carismático Evo Morales.

Llegamos a eso de las 6 am, con un frío de recagarse, y una extraña puna, que no habíamos vivido ni siquiera en las altas tierras cerca a Uyuni.

En verdad creo que La Paz es una ciudad hermosa, aunque reconozco que muchos pueden discrepar con mi observación. Es que la gente es muy real, no gira en torno el grosero turismo, ni menos tienen intenciones de hacerlo, simplemente se conforma con ofrecer servicios necesarios y suficientes para que esta actividad se desarrolle, y de paso deje ingresos a su gente.

Creo que nos quedaremos unos buenos días por acá, aprovechando de hacer el camino de la muerte en bicicleta (mañana) y visitar los múltiples e interesantes museos de la ciudad.

Muchas cosas que contar, tantas que no existe espacio suficiente para narrarlas todas. Creo estar en medio de un viaje mucho más maduro y serio, en que el aprendizaje ha sido continuo, sin descanso y enriquecedor. Espero reportar desde Perú, si el ánimo y las experiencias lo ameritan. Hasta entonces les dejo un enorme abrazo a todos!






Comentarios

  1. excelente tu relato, iré a Bolivia en las próximas semanas, leerte me hizo anhelarlo muchísimo al punto de ponerme nervioso. Un gran abrazo

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