Mochileando por Brasil; Manaus, Santarem, Belem, navegando por el Amazonas
La Linea/ Brasil - Boa Vista/ Brasil - Manaus/ Brasil
Una vez crucé la frontera noté de golpe el enorme cambio cultural. Y no es porque en la nueva tierra que me daba la bienvenida se hable otro idioma, sino porque pese a que no nos comunicabamos con las mismas palabras, los brasileños me dieron la bienvenida con la mejor de sus sonrisas, como diciéndome (en portuñol): "Tranquilo, mininho, todu va a estar multo bem".
Para cruzar desde Santa Elena se toma un taxi y te bajas en la frontera, trámites de aduanas y caminas como 500 metros, con la marcha que sólo un deportado puede llevar, hacia la aduana brasileña, ahí a punta de sonrisitas y gestos con las manos pides los timbres correspondientes, y a dancar sambinha!
El primer poblado es llamado "La Línea", ahí tienes buses o taxis hasta Boa Vista. Taxi por R 25 (6 lukinhas chilenas). Dos horas de viaje, escuchando música forró, que es la banda sonora del noroeste de Brasil. Para que entiendan las dimensiones de este ritmo, les cuento que las obras maestras tipo "nossa nossa.." o esa con su inmejorable estribillo "te te rere té te te rere té" corresponden a representantes de este estilo musical... una delicia. En Boa Vista, una ciudad tipo mini metropolis, como todas las ciudades brasileñas que me han tocado ver, se toman los buses necesarios para llegar hasta donde la imaginación quiera... no, mentira, se toma el bus a Manaus. Son 100 reales por 12 horas de viaje, bus cama y sin forró.
Manaus/ Brasil
Sudamérica tiene la misma cara y la misma historia, no importa que los colonizadores hayan sido españoles, portugueses o marcianos demócrata-cristianos. Este apartado lugar en medio del amazonas (y a orillas del homónimo río) fue una prospera ciudad en antaño (aunque actualmente no anda nada de mal) centro del boom del caucho, con el que Henry Ford pudo echar a rodar, literalmente, su empresa. Quienes han leído mis otras aventuras me tildarán de majadero, pero que les importa, si el que escribe y manda acá soy yo, así que lo mencionaré una y otra puta vez; la cruel historia de Potosí es el reflejo de una sudamérica saqueada hasta las pelotas, y Manaus fue un vivo ejemplo de aquello. Pero por un motivo u otro este puerto fluvial creció como mi pansa en este viaje, y ahora es una metrópolis amazónica de casi 2 millones de habitantes, que de una pura cachetada te quita todo el encanto selvático que se podría esperar de una ciudad con tal ubicación.
Bien podría haberse reventado una espinilla europea y con sus purulentos restos se podría haber construido un teatro en medio de la selva, y ese teatro no sería otro sino el Teatro Amazonas, que como dirían en España, es una versión cutre de la arquitectura europea de principio de siglo. Y así el grueso de sus construcciones, que además se codean con edificios prefabricados. Todo un deleite. Pero pese a mi despectiva y negra forma de describirla (propio de un ser tan oscuro como yo) me pareció una ciudad sumamente atractiva, en donde esas construcciones sin sentido se codean con el enorme comercio y consumo (algo propio de la cultura brasileña) además de su particular cultura fluvial, en donde sus millares de embarcaciones se pasean por la costa del amazonas, que abraza a Manaus y la conecta con el resto del mundo (y del universo universal).
Y como viajo solo, es que me he dejado embobar por mi nunca bien ponderado Lonely Planet, con quien cada día me encariño más, así como un hipster se enamora de su iPhone y del café de Starbucks. Y guiado por mi estrella del norte, es que llegué a Manaus Hostel, R 20 por noche, con el ambiente mochilero que mi europea sangre necesita para circular. Lo más barato que se puede encontrar en medio del amazonas... lo otro es dormir con las pirañas. Además el norte de Brasil no sólo se caracteriza por su selvática naturaleza, sino también por sus económicos y abundantes platos. Mi panza llego saltar de alegría cuando por R 6 me pusieron un "plato feito" de colosales magnitudes. Así las cosas el lector ávido podría pensar que la carestía brasileña es un puro mito, pero mi querido y ahorrador lector, le diré que por otro lado el palo te lo pegan igual, ya que los costes de transporte son tan altos, que hasta mi presupuesto para cerveza se ha visto limitado (mentira). Pero si se usa la cabeza y se camina con los pies, podrán ahorrar bastante y no salirse mucho del presupuesto, cosa distante a la que me pasó a mi... pero bueno, llamo a papi y le digo que me deposite unos cuantos millones (enorme mentira).
El puerto es un hervidero de actividad, en donde ver como cargan y descargar embarcaciones es todo un placer. Manaus, además, es una ciudad que da bastante seguridad... tal vez fue porque venía desde Venezuela, en donde desconfiaba hasta de Dios que me mira desde el cielo. En el puerto se consiguen los mejores precios para los pasajes en barco. Pero como todo en esta vida, depende de la capacidad de negociación y del look con que acudas a comprar, yo lamentablemente vestía mi terno de Armanni y mi Rolex de oro, por eso me dieron un buen palo y me costó R 90 hasta Santarem, pero en el famoso "Golfinho do Mar" el barco más rápido del oeste (de Brasil). Por unos R 60 se compra en uno más lento, o en el mismo, en verdad no tengo mucha claridad, el brillo de mi reloj de oro me nubló la mente en aquel momento.
A todo esto, haré mención honrosa a la complejidad del cambio de idioma. En verdad mi portugués se ha nutrido principalmente de frases provenientes de la música Axé, razón por la cual mi portuñol es tan miserable que me veo obligado a comunicarme con las manos y esas cosas. En verdad la frase "danca da manivela" no tiene muchos usos dentro de Brasil. Por otro lado el escupitajo que hace un tiempo lancé al aire me ha caído directo en los ojos, aquel escupo que decía que todo viajero debe aprender el idioma local. Aún así, el portugués es tan parecido al español, que si se habla despacio se puede comunicar bastante bien. La frase más útil es: "fale di vagá", hable más lento, así no tendrán problemas.
Luego de pasar una noche en Manaus, capital de Amazonas, fue que me subí al Golfinho do Mar, para emprender un viaje que se suponía duraba 24 hrs. Aún mi ingenuidad me impedía notar las particularidades de viajar por río.
Manaus/ Brasil - Santarem/ Brasil
Cuando se llega a Manaus es obvio que el viajero terminará embarcándose en algún barco, para llegar de alguna forma hasta la nortina Belem, habiendo navegado más de la mitad del río Amazonas. Una cosa que hay que saber es que la ruta (en total de 3,5 - 5 días) no está diseñada para el cachondeo del turista, así que se puede volver algo incómoda y bien aburrida. Por otro lado, lo poco famosa que es esta zona hace que se desconozcan algunas importantes destinos, razón por la que el mochilero promedio (no el premiun gold member class VIP, que escribe estas letras) pasa a toda máquina hasta Belem, perdiéndose la mitad del recorrido. Por eso el Tío Mario les tiene la papita; Santarem y Alter do Chao, lo mejor de lo mejor que se puede encontrar en el Amazonas Brasileño, si no les devuelvo lo que invirtieron leyendo este blog.
Y como el caucho no se teletransporta, es que se usó la ruta fluvial del Amazonas para transportarlo, así las cosas se crearon varias ciudades intermedias y dentro de ellas la más grande fue y es Santarem. Un puerto fluvial de enorme actividad comercial y social, en donde sus 450.000 habitantes pasean por su malecón y beben cerveza al ritmo del omnipresente forró.
Mi historia: como el Golfinho do Mar ya está algo viejo y gordo, fue que nos demoramos mucho más de lo acordado y llegué un sábado por la noche a Santerem. El viaje tiene su gracia, es bastante estimulante pensar que se está recorriendo la inmensidad de la selva a través de su río más importante. Pero se debe considerar que se va siempre repleto, tanto así que mi hamaca, instalada a primera hora del día antes de partir, se vio invadida por todos los flancos con otras hamacas, así que aquella noche dormimos tan juntos que al final todos los pasajeros terminamos soñando lo mismo. En esta parte del viaje se navega lejos de la costa, así que no se puede hablar mucho al respecto, sólo que es interesante parar en los puertos y ver como funciona esto de la cultura fluvial.
Al llegar a Santarem como un buen boy scout me dirijo a comprar pasaje para el otro día (se supone que había barco para el domingo). Y como todos los barcos están medio viejos y bastante gordos, es que me dicen que la embarcación llegaría el día lunes a las 10 am. Horror, porque pese a que viajo sin reservas (como Anthony Burdein, pero más glamoroso) por primerísima vez había comprado un vuelo de Belem a Río de Janeiro para el 25 de octubre a las 5 am, y el lunes estaríamos a 22. Me recontra juraron que el viaje demoraría sólo 48 hrs, así que estaría en Belem al medio día del 24, y todo bien. Favor memorizar las fechas y horas que mencioné, más adelante se volverán importantes, para darle dramatismo a lo que viene dentro de mi relato.
Una ciudad llena de vida, con un precioso malecón y una hermosa playa, en donde el río Amazonas se une con el Tapajos. Todo un espectáculo. Al llegar había muchísima actividad en la calle, así que me vi obligado a recorrer la costanera aferrado a mi siempre fiel cerveza (dios la bendiga). Hotel por R 35 con desayuno abundante y bueno, algo caro, pero es Brasil, y papi me depositó un par de millones (enorme, enorme, enorme mentira). Y como me tendría que quedar un día más planifiqué una salida infaltable (como mi amado Lonely Planet sugirió) y me alisté para ir de paseo dominical a Alter do Chao, sin mucha fe, porque en verdad no le creo a mi guía y porque mejor vivir que idealizar.
Santarem/ Brasil - Alter do Chao/ Brasil
Por 3 reales, y aplicando el mejor portuñol del mundo me fui en un bus hasta Alter do Chao y, agárrense cabritos, un lugar que en verdad se define como paradisiaco, una idílica playa en donde los colores de las aguas cubren un natural lienzo, lleno de vida y luz, colores de todo tipo y arenas blancas. El sol, firme brillando, pero con calma, siempre presente. Como era domingo estaba lleno de locales, pero de extranjeros ni hablar. Es un lugar tan precioso que ninguna de las playas caribeñas que conocí en Colombia se le puede comparar.
Cuando me acerqué al malecón y pude dimensionar la magnitud de aquel lugar no pude sino sentir un grado de angustia, ya que si bien el viajar en solitario me ha enriquecido enormemente, no pude dejar de pensar en lo impresionante que sería compartir esa postal y ese lugar con mi novia (que me lee fielmente y que reclama cuando no la menciono), pero las cosas han querido que pasee por su blanca playa solo con su recuerdo. Quedé con la idea de que Alter do Chao es un lugar tremendo para escaparse unos días, vale completamente la pena pegarse un vuelo y aprovechar sus playas y su tranquilidad, recomendado.
Santarem/ Brasil - Belem/ Brasil
Día lunes, a primera hora, con mi hamaca preparada para ser colgada me presento en Docas do Pará, el puerto de Santarem, y me entero que el barco viene con atraso. Mi plan mental me indica que si se pasa de las 15 hrs de la tarde me largo a tomar algún vuelo hacia Belem y no perder el que ya tenía hacia Río. El barco llega a las 12 hrs, pero luego de una larga espera sarpa a eso de las 16 hrs. Yo ya estaba arriba y mi disfagia nerviosa sumado a mi distensión abdominal por estres serían mis fieles compañeras en ese viaje, en el que las posibilidades de perder el vuelo eran bien reales.
Este barco, Liberty Star, era mucho más grande y más lento que el Golfinho do Mar, pero tenía más espacio para moverse e incluso un piso con aire acondicionado, en donde instale mi humilde hamaca. Cerca veo a un grupo de artesanos mochileros, que resultaron ser unos simpáticos colombianos, con los que me pasaría más de una fiesta dentro del barco. Ellos me dicen que llevan 4 días sobre el barco. Cuatro días y la reputa que lo parió!!! pienso mientras mi disfagia nerviosa impide que pueda tragar saliva. Ya estaba sobre el Liberty Star, así que a disfrutar el viaje, si perdía el vuelo, ahí tendría que ver como salir del aislado norte brasileño.
Al rato de sarpar, una pasajera que iba a mi lado comienza a quejarse de un fuerte dolor de abdomen, así que luego de 3 meses me tocaría ser médico, cosa que cada día se me olvida un poco más. Una epigastralgia de la re puta madre, no me pareció nada quirúrgico, pero sugerí que se bajara del barco, porque si pasa algo la culpa la tendría el único médico a bordo, incapaz de detectar una perforación duodenal. La cosa es que la vieja se quedó bajo su responsabilidad, yo sólo le administre unos medicamentos y unos sueros que tenía por ahí. Al rato la señora se mejora y todo bien, y con el tiempo me entero que aquella señora, junto con otra cabrita de no más de 16 años, eran de aquellas famosas putas de río, personajes mitológicos que sólo cabían en mi imaginación. Cosas del folclore fluvial.
Dos argentinos que recorrían sudamérica en un auto, auspiciadores incluidos, se unieron a nuestro grupo de hablahispanos, sumado a que este parcito recorría el mundo haciendo nada menos que folclore argentino, con el siempre alegre chamamé, así que entre chela, cachaza y chamamé pasaron las noches.
A diferencia del trayecto anterior, esta nueva parte de la ruta fluvial pasaba por muchas localidades indígenas y navegaba muy cerca de la orilla, en donde se podía contemplar la inmensidad de la selva amazónica, sumado a las pequeñas construcciones de los indígenas que habitan en medio de la selva. Como recomendación, yo no sabía, lleven bolsas con ropa para regalar, e incluso juguetes para los niños, porque en varias partes se acercan indígenas, navegando en sus precarias canoas, y junto a los niños que mueven sus manitos piden que los viajeros de los barcos lancen objetos para compartirlos con ellos. Esto yo no lo sabía, así que improvisé algo y lancé mis zapatillas, que de seguro deben haber pasado a un mejor dueño.
Y el viaje continuaba, y sobre la hora de llegada se decía de todo. Pero el nerviosismo llegó a su climax cuando era día miércoles 24 a las 23 hrs, y de llegar no se decía nada. Ya con 18 hrs de retraso se comienza a avistar el puerto de Belem, pero ya eran jueves 25 y eran más de la una de la madrugada, y a esa velocidad con suerte estaríamos en puerto en unas horas. Pero como tengo un pacto de honor con el pulento, Liberty Star toca puerto a las 3,10 am, momento en que lanzo mis cosas hacia tierra y salto desde el barco. Tomo taxi y llego al aeropuerto justo para tomar el vuelo... sin reservas, así se viaja mejor, pienso mientras imprimen mi voucher.
Belem es un tremendo puerto de unos 2 millones de personas, que desde el río deslumbra por su inmensidad y los tremendos rascacielos que comparten terreno con construcciones coloniales y de principio de siglo. Es lo único que puedo decir, pese a mi ultra corta estadía.
Ahora estoy en Río de Janeiro, disfrutando de la rica temperatura (ni fría ni caliente) y de sus playas, pero no se sus precios. Les mando saludos, y repito mis saludos y mi amor infinito a mi novia, que me espera cual Penélope. Abrazos para todos!
Hola viejo buena historias las que has contado, pero por lo que Lei en ningun momento hiciste dedo? Y enfrentaste alguna clase de peligro?
ResponderEliminarHola Mario. Me gusta como piensas Llegué a ti por un comentario muy acertado a otros viajeros que pensaba premiar
ResponderEliminar:) Te he premiado con el Liebster Award pásate por mi sitio para que te enteres... Un abrazo desde Colombia http://viajarsinfrontera.blogspot.com/2012/12/liebster-award-premio-mi-blog.html#more
Mario Gracias por contestar mis preguntas del Premio Liebster y así poder conocer un poco más de ti. Pero recuerda que la idea es que escribas una entrada en tu blog sobre el premio y contestando ahí las respuestas después lanzar 11 preguntas a 11 blog más ;) De esta forma incitamos a leer Blog de Viajes Tan interesante como el tuyo.. Un Abrazo
ResponderEliminarQue genial, me ha encantado el relato :) No estaba pensando pasarme por esos lugares de Brasil para el proximo año pero ahora lo estoy dudando...
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