Mochileando por Venezuela; Canaima y Salto del Angel. primera parte
Para todo viajero Venezuela se le presenta como un desafío, alimentado por la visión internacional de este país y con los relatos de desgraciados viajeros que han pasado malos ratos dentro de sus fronteras. Esto último no es algo raro, ya que las particularidades de esta nación, o "República Bolivariana", como mediante plebiscito Hugo Chávez cambió su nombre, son tan diversas como polémicas. Desde carreteras militarizadas, hasta corrupción pública en niveles estratosféricos, son cosas con las que se tendrá que lidiar, pero más vale llenarse de tolerancia, porque debemos recordar que al viajar somos invitados. Pese a lo anterior, son muchos los destinos famosos que merecen la pena, pero no reconocer las particularidades de este país sería ser demasiado complaciente, así que si alguien se siente ofendido con el relato que narraré a continuación, espero entienda las múltiples desgracias que me tocó vivir.
Cartagena de Indias/ Colombia - San Jacinto/ Colombia
No es en Venezuela, pero tengo que contarles sobre este lugar en Colombia.
Se trata de un microscópico pueblo a unas 3 hrs hacia el interior de Cartagena, en medio de los Montes de María, con un oscuro pasado, en donde sus pacíficos pobladores fueron azotados por la guerrilla y el combate paramilitar, en donde, según el relato de sus mismos pobladores, no se sabía si los asesinos eran guerrilleros o militares pagados por el gobierno. En la actualidad esos son sólo malos recuerdos, gracias a todos los cambios políticos y militares que han ocurrido. Pero San Jacinto no es famoso por su lucha armada, sino por cultivar el folclore Colombiano desde lo más profundo de sus raíces, en donde el indigenismo prehíspanico se nutre inmensamente con la influencia afroamericana. Esto se ve reflejado en su artesanía, famosa por la confección de la popular "hamaca grande", la cual no tuvo nada que ver con mi visita, sino que mi arribo hacia ese calmado poblado fue con el fin de empaparme de la gaita y los tambores colombianos, de la mano de los muy famosos y galardonados (2007 Grammy disco folclórico) "Gaiteros de San Jacinto", cuyo máximo exponente fue el célebre Toño Fernández, leyenda local.
Aparte de apreciar en carne propia la tranquilidad de un pueblo colombiano, tuve el privilegio de tomar clases con Orlando, gaitero hembra de la famosa agrupación. Una experiencia única, si lo que te gusta es el folclore, de otro modo también puede ser interesante ver cómo se vive en un remoto y pequeño pueblo como San Jacinto.
Cartagena de Indias/ Colombia - Maracaibo/ Venezuela
Y basándome en lo que les conté al principio, fue que enfoqué mi ruta venezolana en visitar el parque Canaima y la Gran Sabana, en el extremo oriental del país, por lo que tendría la gran misión de cruzar todo Venezuela en busca de mi destino. Por otro lado, comprar un vuelo en avión dentro del bolivariano país puede ser muy económico, siempre y cuando se compre en persona y haciendo uso del cambio en el mercado negro, cosa que no pude concretar por estar fuera del país. Sobre esto les puedo contar que a raíz de la profunda inflación de este país es que se ha implementado una medida para retener fondos, en donde el venezolano se ve impedido de adquirir dólares, lo que hace que florezca un mercado negro, con un dolar paralelo que favorece hasta en un triple al cambista poseedor de moneda extranjera. En mi caso, y como recomendación para el desorientado viajero, logré un excelente cambio en una oficina formal en Cartagena, ya que una vez en Venezuela hay que considerar que el dolar paralelo es ilegal, y en vista de las peculiaridades de este país, es mejor mantenerse al margen de toda acción ilícita.
Y mi atolondrado y largo recorrido comenzó tomando un bus hasta Maracaibo, por 195000 cop, y con un viaje de unas 14 hrs. Se pasa por Maracai (Colombia), un pueblo fronterizo con la pinta del peor de los pueblos del lejano oeste, en donde da la impresión de que si no les caes bien te van a corretear a balazos... recomiendo ni siquiera detenerse en este lugar. Luego, a unos minutos, se llega a la frontera más trucha y "hechiza" (como la definió otro viajero chileno) que he visto en mi vida. Me costo trabajo buscar alguna señal que me demostrara que en verdad era una frontera oficial y no un puterío, porque el tipo que te timbraba el pasaporte bien podría haber sido el recepcionista del más rancio de los moteles, pero un hombre uniformado que pasó por ahí me dio un poco de confianza (error). Todo OK con los trámites de aduana, pero como ya estábamos en tierra venezolana el chofer se para y se dirige al honorable para explicar cuales eran las condiciones dentro del nuevo país de esta ruta. Nos explicó que desde la frontera hasta Maracaibo habían no menos de 5 controles militares, en donde se acostumbraba bajar todo el equipaje y revisarlo, a menos que se pactara con el capitán al mando, claro que con un "módico" costo, para que los oficiales se hagan los weones. ¡Bienvenido a Venezuela! pensé al momento de pagar 30 bvs (1500 chilean pesos) correspondientes a la cuota por pasajero que el ejército bolivariano nos pidió.
Una vez se cruza la frontera los amortiguadores del bus sintieron el cambio de país, ya que en vez de tapar los baches del camino con asfalto, prefieren taparlos con militares, que cada 15 minutos paran el viaje, pero que amablemente dejan que este continúe, previa mojadita con un par de "bolos", como le llaman a los bolivares fuertes ( moneda nacional). Unas horas después, y bordeando las 23:00 pm (media hora más, por decreto presidencial) el bus me tira cual bulto en medio de la nada y a la remierda del terminal de buses, para continuar mi recorrido. Un taxi me asaltó con 70 bolos (3,5 chilean lucas) y me llevó al terminal, en donde descubro la inexistencia de buses nocturnos hacia Caracas o hacia algún lugar que me acerque a mi destino. Se me pasa por la mente quedarme toda la noche en la sala de espera (con aire acondicionado), pero ser atracado a media noche sería un mal inicio para esta ruta, así que opté por buscar alojamiento cerca al terminal. Así las cosas terminé clavado en la más puta de las casas de putas, o así me lo hizo entender la recepcionista, que se sorprendió al verme llegar sin una meretriz acompañante y en busca de posada. A primera hora mi humanidad arrancó de ese sucio colchón y partí en busca de transporte, feliz, al menos, por haber sobrevivido ileso a aquella noche.
Maracaibo/ Venezuela - Valencia/ Venezuela
El siempre mentiroso, burgués y chanta "Lonely Planet" me ayudó en aquel momento, en donde supe que la mejor opción era llegar a una desconocida, para mi, Valencia. 140 bolos (7 chilean lucas) por 14 horas de viaje.
Como todos hacen notar, viajar por Venezuela en bus implica siempre llevar su mantita o su chalequito, debido a la obscesión que se tiene por el aire acondicionado. Aparte de eso, en aquel viaje atravesé el puente del lago Maracaibo (lago más grande del mundo) y descubrí lo ridículo e inútiles que son los controles militares, ya que antes de abandonar la petrolera Maracaibo nos bajaron a todos para revisar documentos y equipaje, mientras veía asombrado como los buses "ejecutivos", con sus costosos servicios premium, capeaban estos controles... ahí me di cuenta, sumado al soborno pagado el día anterior, que en este lugar basta con tener dinero para traficar drogas, armas y hasta personas... una lástima. También descubrí lo divertidos que pueden llegar a ser los venezolanos, quienes se nota que disfrutan las discusiones de cualquier tipo (especialmente de política) y que nunca se sabe si en verdad se enojan, porque entre pelea y pelea se tiran sus carcajadas, como si en verdad no se tomaran las cosas muy en serio. Eso último se agradece.
Valencia es una ciudad de unos 500.000 habitantes, con modernos edificios y grandes autopistas, sumado a múltiples centros comerciales, al igual que Maracaibo. Menciono esto último para hacer ver que en el sentido comercial Venezuela no es la nación marxista que muchos creen que es. Compro, apresuradamente, un pasaje a Ciudad Bolivar que se supone saldría a las 19:00 hrs... me siento a esperar.
Valencia/ Venezuela - Ciudad Bolivar/ Venezuela
El viejo y destartalado bus que recorrería las 12 hrs de viaje arribó al terminal a eso de las 22:00 hrs, pero qué más daba, soy un visitante en tierras extranjeras. Acurrucadito en mi saco de dormir me dispongo a descansar, cuando a eso de 3 horas de ruta escucho un fuerte ruido. Lo primero que pienso es en piratas terrestres, así que tomo mis documentos y los escondo bajo el asiento, pero "por suerte" estaba equivocado. La solución a aquel ruido la obtuvimos 22 hrs después, cuando un improvisado mecánico logró reparar un desperfecto del bus, durante ese tiempo todos los pasajeros permanecimos en medio de la nada, comiendo "cachapas" y haciendo vida social, sin que nadie se impacientara.
Luego de tres días de viaje, sin duchas (el motel no tenía agua), sin comida caliente y durmiendo a saltos, logro llegar a Ciudad Bolivar, desde donde sale la avioneta hasta Canaima. En mente tenía un plan mochilero para llegar al Salto del Angel, sin la necesidad de tomar agencias y con destino final en Sta Elena de Uairen, pero mi malograda humanidad me condujo a tomar decisiones que ahora lamento profundamente. Un charlatán que decía ser chileno radicado en Venezuela, me engatusó apenas bajé del bus, a eso de las 4,30 am. Esos tipos son maestros del engaño y aprovechan todo a su favor para sacar dividendos, incluyendo el cansancio, el hambre y la desorientación de los viajeros. Habló de precios que doblaban lo que se supone que valía el tour, pero finalmente, y no se cómo, terminé aceptando un acuerdo poco favorable. Yo creo que fue porque esos días mi viaje había sido tan miserable que la paternal hospitalidad con que me recibió el dueño de la agencia "Conexion Tours", Carlos, junto a su calida esposa, que me dejé agasajar por las simples cosas que me ofrecieron; ducha limpia, comida caliente y albergue gratuido. Terminé pagando 2900 bvs por un tour que vale, en el mejor de los casos, 2200 bvs (35 chilean lucas de diferencia). Aunque debo admitir que el trato sonaba bien; vuelo ida y vuelta, una noche en la posada, otra noche en campamento a las faldas del Salto del Angel y una noche adicional, más hostal gratis a mi retorno en Ciudad Bolivar.
Como dato para el viajero; la única forma racional (existe otra, pero es una locura) de llegar a Canaima es en avioneta, existen vuelos de hasta 450 bvs ida, allá mismo se puede contactar a alguna operadora y hacer trato, pero haciéndolo de esa forma, que parecería lo más económico, nunca se logrará un precio más barato que el que ofrecen desde Ciudad Bolivar, que va desde 2200 a 3200 por el mismo servicio tipo mochilero (depende de la capacidad de negociación) y hasta 6000 bvs en servicios premium (el tour es el mismo, pero la hotelería es distinta).
Ciudad Bolivar/ Venezuela - Canaima/ Venezuela
Sin voucher y sin ninguna garantía de nada, llego al aeropuerto en donde un tipo me dice: "espere por ahí, lo van a llamar para abordar. El capitán siempre se demora". Eso último me llamó la atención, porque era lo mismo que leí en un diario de viaje de otro viajero.
Efectivamente se trataba del mismo piloto de la historia de aquel viajero, ya que una vez despegó aquel destartalado avión que bien podría ser un fiat 600 con alas, el piloto se puso cómodo y comenzó a leer el diario del día, tal cual lo describieron en el relato mencionado.
Nunca había volado en un cacharro tan pequeño, pero debo admitir que el viaje es muy pintoresco y divertido, en donde se pueden ver desde el aire los peculiares tepuis (montañas tipo mesetas) clásicos de esta zona, además del imponente delta del Orinoco. Luego de una hora de vuelo se aterriza en Canaima.
He tomado varios tours en este viaje y a lo largo de mi vida, y siempre hay pequeños inconvenientes clásicos, al momento de bajar pensé en eso y en que no deseaba que algo malo saliera... mejor hubiera sido no pensar en nada.
Canaima es una pequeña aldea de indígenas pemones, quienes han habitado por mucho tiempo en esa zona, pero desde el descubrimiento moderno (tipo Hiram Bingham en Macchu Picchu) en el año 1937, cuando el gringo Jimmy Angel sobrevoló y aterrizó (dicen) sobre el salto, se ha transformado en un importante destino turistico. Como buenos observadores notarán que su nombre se debe a su descubridor, tal cual lo sugirió algún creativo de la época. Se trata de una caída de agua que roza los 1000 mts de altura, conocida desde hace cientos de años por los indígenas, con el nombre de Kerepakupai Vená, ubicado en el Auyan Tepui, a más de cien kilómetros río arriba desde Canaima.
Aparte del mentado salto, Canaima se encuentra a las orillas de un codo de río, que da forma a la Laguna Canaima, rodeada por cuatro impresionantes saltos, que vigilan a los paseantes de la blanca playa a orillas de la laguna. Sorprende de entrada el color rojizo del agua, debida a la alta concentración de material orgánico del agua, lo que hace que su Ph sea tan elevado que impide que exista mucha vida acuática.
Como se acercaban las elecciones fue que el pueblito no se encontraba muy concurrido, lo cual siempre es bienvenido para el viajero que busca la paz.
Un joven y energético guía, Zeta, nos guió hasta la posada que nos albergaría a mi y a una simpática pareja Suizo- Holandesa. La operadora que concretaría nuestro tour fue Tiuna Tours, que, como descubrirán más adelante, extrañamente poseía criticas muy positivas, cosa que dentro de poco refutaré por completo.
Canaima/ Venezuela - Salto del Ángel/ Venezuela... primer intento
Al otro día se nos unieron dos parejas de rusos, quienes viajaban en un tono muy diferente al típico mochilero aguanta todo, razón por la que las instalaciones de Tiuna les parecieron muy distante a lo esperado, y pagado. La cosa es que sin advertir riesgo alguno y sin dar la más mínima recomendación para el viaje fue que 11 personas (turistas más tripulantes) abordamos una microscópica curiara (como llaman a las canoas a motor) para iniciar el viaje de 4 hrs río arriba. A unos 20 minutos de navegar existe una caminata de unos 20 minutos, para evitar un sector de rápidos, en donde la curiara navega sin pasajeros. Hecha esta corta caminata nos reincorporamos en nuestra embarcación.
Ahora, queridos amigos, viene la parte más trágica de este extenso relato. Una vez ubicados nuevamente en nuestros puestos no pasaron ni dos minutos para que una intensa ruta contracorriente nos advirtiera de los peligros que se nos habían ocultado en un inicio. Como todos iban emparejados y yo viajo solo como un palo de helado, fue que me tocó ir a la punta de la embarcación, en donde noté que al romper uno de los rápidos del río fue demasiada el agua que entró desde la proa, pero confiado de la pericia del motorista pemón fue que sólo me dediqué a proteger mi mal embalada cámara. Pero al siguiente rápido las cosas serían bien diferentes, y esa pericia del capitán en la cual confié en un inicio se iría a la mierda, y con ella se irían al agua todos los pasajeros de esa desafortunada curiara.
Yo pienso que los muchos meses que he pasado trabajando en una urgencia han hecho que mis nervios no sucumban ante situaciones de riesgo vital, sumado a que en esta parte de mi viaje sólo debo velar por el bienestar de mi propio trasero. Así las cosas, en no más de 5 segundos, tiempo en que la embarcación se llenó de agua y "trambucó" (como le llama a cuando una canoa se de vuelta), tomé mis anteojos, los guardé en mi banano, lo aseguré en mi espalda, me saque el salvavidas, lo puse como tabla de flotación e inicié el frenético rescate en medio de esos agresivos rápidos. Una vez asegurado noto que a mi lado figuraba un moribundo ruso, quien evidentemente no sabía nadar y cuyo pánico impedía que pudiese movilizar músculo alguno, fue así que tomé al blancucho hombre y lo acerqué a una cuerda que Dios debe haber puesto en aquel lugar, y con el peor inglés que sólo la desesperación puede articular, fue que lo insté a jalar con fuerza para llegar a la trambucada curiara. Una vez aferrados a la lancha volteada, mi fe en la humanidad se va a la mierda... bien seguros sobre el bote figuraban la pripulación, de cuyos pusilánimes cuerpos emanaba un profundo olor etílico, que solo un borracho podría cargar. Constatado esto me apresuro a nadar hacia la orilla, evitando unos asesinos rápidos a no más de 15 metros de distancia. En esa misma corriente encalla la embarcación, con tripulantes ebrios y rusos asustados sobre ella, a la espera de su rescate.
Al estirar una de mis largas piernas y tocar tierra supe que la muerte o la tragedia se alejaban de mi, y mi tranquilidad se concretó al ver que todos estábamos sanos y sin lesiones... experimenté, como pocas veces, la verdadera sensación de paz. Un milagro hizo que nuestras cosas no fueran llevadas por el río, solo la mochila del buen amigo Pal, un holandés que perdió casi 5000 euros en artículos. Todos comenzamos a calcular las pérdidas, que en mi caso sólo correspondía a mi cámara, una baratija que nunca despertó mi interés, pero las monstruosas bazucas que cargaban los gringos estaban muertas, tal cual lo estaba mi confianza hacia el turismo venezolano.
Canaima/ Venezuela
La guardia nacional constató las pérdidas, y en un documento certificado hicimos notar el estado etílico de los motoristas. Las tramitaciones continuaron y continúan, la operadora Tiuna, responsable del suceso, se escondió cual miserable rata, hizo uso de todo para desligar responsabilidades, se desentendió con los rusos, quienes debían volver a su país en dos días, al buen Pal no le querían reembolsar ni siquiera el costo del truncado tour... Tiuna había destruido el importante y mágico viaje de un grupo de turistas. Como único hispanohablante medié con el dueño de la operadora, y como además soy latino, se cuando alguien juega al bananero, y esta operadora, que bien podría exportar platanos en los tiempos de Macondo, usaba los más viejos trucos para engatusar gringos.
Yo fui bastante claro al respecto, por un lado medié a favor de los gringos, pero por otro defendí mis intereses; había recorrido todo Venezuela, pasado hambre, penurias, miseria, peligros... pude haber muerto en aquel accidente y todo con un objetivo: ver el Salto del Angel, así que no me iría de Canaima sin cumplir mi objetivo. Lo de la cámara lo quería solucionado a la vuelta a Bolivar. Y mi espera se volvería una condena, porque Venezuela aún me tenía más obstáculos por delante.
Bueno, mis estimados, en vista de lo largo y extenuante de este post, es que lo continuaré hasta una próxima oportunidad. Sólo les adelanto que me encuentro de vuelta en Ciudad Bolivar, con pasaje para Sta Elena de Uairén, a ver si tengo mejor suerte en el Roraima. Un abrazo para todos!
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