Mochileando por Grecia 2017; Atenas y Creta
Por ahí por febrero uno suele toparse en facebook con las fotos caribeñas de ese compañero de universidad del cual uno había olvidado su existencia. Luego en junio vuelve a aparecer otra foto del compañero ese, ahora posando sobre una tortuga en una playa paradisiaca. En septiembre, cuando al tipo este se le ocurre subir una foto étnica entre niños de piel negra, uno no puede evitar pensar, ¿cómo mierda le hace este otro para viajar todo el año? La técnica, sobrinos míos que ya me habían dado por muerto, es sacarle provecho a los cinco días invertidos en aquel país centroamericano y subir las fotos de a poco, cosa de que todos sus contactos no se olviden de que usted es un viajero empedernido.
Para no ser menos es que, habiendo pasado mucho tiempo desde nuestro retorno, les traigo el relato de la última parte de nuestro viaje mochilero por las europas, con el afán de que no se olviden de que somos unos trotamundos cancheros y dicharacheros.
Viajando desde Italia a Grecia por ferry: Salerno, Tarento, Brindisi, Patras.
La Costa Amalfitana nos ayudó a pasar el mal trago que fue Nápoles y de pasó nos sirvió para cargar energías, porque la ruta que pasaré a relatar fue toda una travesía.
Desde Minori, en la Costa Amalfitana, tomamos bus hasta Salerno, que viene siendo la ciudad más grande la la región. No hay mucho que ver y parece más una ciudad portuaria que un lugar para el cachondeo del turista. Y como somos turistas cachondos, pasamos de largo. Tomamos tren hasta Tarento, lo cual fue más o menos tres horas de viaje.
Tarento es otra ciudad puerto del sur de Italia, que tiene el look de caleta de pescadores. Podría transformarse en una experiencia autóctona... tal cual Nápoles (y no volveré a dar la cacha con Nápoles). Mejor pasar de largo, que el viaje sigue.
Tomamos otro tren rumbo a Brindisi, que no tiene mucho brillo, pero es un puerto que une el sur de Italia con los Balcanes. El objetivo, como el lector vivaracho podrá imaginar, era llegar a Grecia por ferry, y resulta que la ruta Brindisi - Patras es la más económica; perfecta para el viajero amarrete, como el que escribe estas letras. Y para ser fiel a esa última autodescripción, es que nos fuimos caminando desde la estación de trenes hasta el puerto. Le prometí a Vivi que esa sería la última caminata que nos pegaríamos en el viaje. Luego de hora y media tonificando nuestros gluteos y pantorrillas, llegamos al puerto y nos embarcamos en medio de viajeros y camioneros que hablaban más raro que suizo borracho; íbamos rumbo a Grecia.
Compramos pasaje para viajar en un ferry de la famosa Grimaldi Lines, la cual cuenta con pésimas evaluaciones y comentarios en internet, pero goza de un precio envidiable. 80 euros por dos pasajeros en butacas, precio que me obliga a hacer vista gorda a cualquier mal comentario. Para regocijo nuestro la cosa fue bastante buena y cómoda, a tal punto de que ha sido lo más cerca que hemos estado de viajar en un crucero.
Llegamos al puerto de Patras, al noroeste de Grecia. Se notó el cambio por varias razones, pero voy a detenerme en nuestro primer acercamiento a la cultura griega; los pataches. Porque es verdad que nos gusta la comida italiana, pero digamos que nuestra experiencia con ella no fue precisamente variada, por eso fue que al llegar a Grecia tuvimos un flechazo de amor en nuestros estómagos, al regocijarnos con la enorme variedad y buenos precios de la cocina local. Cual perro de Pavlov, ahora que recuerdo no paro de salivar.
Tomamos un bus hasta Atenas y, luego de 36 horas de viaje en total, llegamos a la capital Griega.
Atenas, Grecia
Cuando uno piensa en Europa de inmediato se vienen a la mente países como España, Francia o Alemania, todos estos como países desarrollados del primer mundo. Pero hemos de estar claros que Europa (y la Unión Europea) abarca países que no la han pasado, y no la están pasando, muy bien. En este viaje no conocimos la Europa Oriental, esa que se enclava en la Península de los Balcanes y que le causa vergüenza y es fruto de discriminación por parte de la "otra Europa". Ahora el país que nos daba la bienvenida venía siendo un país en la punta de los Balcanes, y que al igual que los países de la Europa del Este, termina siendo víctima de una Unión Europea más preocupada de las potencias que de la búsqueda de la equidad.
Todo lo anterior para ponerlos en contexto respecto a la reciente (y actual) crisis en Grecia. Pero pese a eso, la impresión que me queda es que los griegos intentan hacer lo mejor con lo que tienen, y los resultados son bastante buenos.
Atenas, con sus miles de años de experiencia y tradición, es una capital con todas sus letras, pero que no olvida los buenos modales ni la amabilidad. Recorrerla se vuelve fácil, tanto por lo concentrado de sus atractivos como por la seguridad que demuestra.
Para alojar hay varios barrios típicos. Nosotros nos fuimos de perdices y nos quedamos en una barrio más fome que candidato presidencial de la DC, pero la jugada de atleta olímpico (porque estamos en la cuna de las olimpiadas) es quedarse en el barrio de Plaka, en donde está todo cerca y hay restoranes pa comer y ser feliz.
Atenas se caracteriza por sus múltiples complejos arqueológicos, a saber: Acrópolis, Templo de Zeus, Ágora, Plaza Sintagma, Plaza Monasteraki, etc, etc, etc. Todo muy bueno y muy histórico. Pero ahora que volví a Chile se me quitaron las ganas de andar dando la lata histórica, así que no les contaré nada al respecto. Ya les decía que una de las gracias de Atenas es que todo queda cerca y super cómodo.
Se trata de una ciudad llena de historia y con mucha buena onda, en donde, si se viene llegando a Grecia, uno puede hacerse una idea de como es la gente en este amable país.
Chania - Isla de Creta
Unos amigos que volvían de viaje nos dijeron con gran entusiasmo que debíamos ir a la Isla de Creta, más específicamente a la ciudad de Chania. Nosotros no entendíamos bien por qué, pero les hicimos caso.
Creta es una isla muy importante en Grecia, para llegar a ella lo hicimos por avión, y fue bastante sencillo. Al llegar a la ciudad de Chania, en esta isla, llama la atención como un lugar sencillo a las orillas del mar, con una pintoresca ciudad antigua, pero no mucho más que eso. ¡Pero ojo! que la experiencia realmente potente de tan notable destino es la interacción con la gente local, quienes desbordan amabilidad y buena onda, queriendo compartir y hacer que todos los visitantes se sientan como en casa.
Hay un ejemplo interesante, y es que en cada local en donde uno pide algo para comer o tomar, siempre, pero siempre, te servirán (además de lo ordenado) un postre y una botellita de raki (agua ardiente) de regalo. Nosotros una vez pedimos un café y nos dieron postre y copete de regalo. Fuimos a un restorán llamado "Dolomitas", que no era tan turístico, pero sí muestra clara de cómo funciona la cosa por allá. Yo al ingresar pregunté por la carta, entonces la mesera, amablemente, me hace pasar a la cocina y me dice que escoja entre las hoyas y fuentes rebosantes de suculenta comida. Luego me di cuenta de que cada vez que entraba un nuevo comensal, este se iba directamente a la cocina a mirar y escoger qué comería. En otra ocasión terminamos tomando raki con el dueño de un restorán, que nos servía postres y licor como si fuésemos parte de su familiar. Una maravilla.
Desde Chania arrendamos un auto por el día y nos fuimos a pasear a la playa de Elafornisi, que es conocida por su tono paradisiaco y el color de sus aguas. Como era temporada baja fuimos los únicos turistas en el lugar. Otra maravilla.
Nos quedamos varios días y lo hicimos, como siempre, en un airbnb en donde la dueña nos despidió con regalos y muchos parabienes. Todo fue una maravilla.
Heraclion - Creta
Viajamos en bus hasta la ciudad de Heraclion, desde donde tomaríamos un avión rumbo a Madrid y luego desde ahí de vuelta a Chile.
Se trata de una ciudad con varios museos y zonas de interés, pero adivinen qué hicimos durante nuestros últimos momentos de viaje, ¡comer!
Madrid - España... el viaje de vuelta
Como les decía, volamos de vuelta a Madrid, y para hacerla corta, nos quedamos en un hotel en Barajas, o sea al lado del aeropuerto. Y como era de esperar, la noche previa a nuestra partida nos hicimos zumbar comiendo comida española y tomando vino local. Me acuerdo y me entra nostalgia (y hambre).
Terminando el viaje
Fueron casi tres meses de viaje por Europa, y se configura como una aventura llena de experiencias de todo tipo. Mi conclusión es que tanto el viaje como la inversión valen la pena completamente. Si bien el mundo es inmenso, lleno de lugares y experiencias, nuestro periplo por Europa se transforma en una de las experiencias más potentes de nuestras viajeras vidas.
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